El secreto de mi felicidad está en no esforzarme por el placer, sino en encontrar el placer en el esfuerzo. ANDRÉ GIDE

23 noviembre 2012

BESTIARIO DEL INDO. INDIA DESDE EL CORAZÓN

EL CAMELLO ALADO DEL RAJASTHAN

El camello alado vive en las dunas del Thar, el desierto fronterizo con Pakistán y ningún otro como él galopa sobre las arenas. 
En días de suerte le consigue una buena ganancia a su dueño, paseando a turistas incautos en su jiba.
Aguanta la caminata con paciencia y al atardecer, recostado sobre la gran duna, deja que el sol al extinguirse siluetee su contorno. A esa hora cimbreante, entre la última luz y el inicio de la noche, llegan al campamento improvisado, danzantes y músicos nómadas que ebrios de aguardiente y entre bailes festivos y notas musicales amenizan la espera del anochecer. 
El camello alado observa impasible, sacudiendo las pestañas bajo la luz difusa, rumiando con laxitud alguna secreta flor y aguardando la vuelta a casa, con su trote volador y decidido.



HANUMAN EN BIKANER

Amaneciendo apenas, recorro la habitación y abro las puertas labradas que dan acceso a la terraza.
Una perfecta barandilla de arenisca roja. 
El calor del día que ya empieza. Un dios-mono que se gira, me mira, y de un brinco, desaparece en su palacio.


EL DIOS-ELEFANTE

Al elefante sagrado lo pintan de colores, esparcen en su piel pigmentos y adornan su trompa con abalorios.
Desde pequeño, encadenan al elefante sagrado a un grueso tronco de árbol en las horas en las que no están con él. A veces, en los grandes festivales, el dios-elefante sagrado, pintado de colores, se vuelve loco, recorren sus venas millones de cristales de furia y aplastando todo a su camino, come hierbas y ofrendas, rompe miembros y mata a sus cuidadores.



LA SALAMANQUESA DE SHEKHAWATI

Anochece entre los muros del castillo de Mandawa. Con los primeros truenos de la tormenta todo ha quedado sumido en la más absoluta negritud. Sobre el techo se recorta la figura inmóvil de una salamanquesa. Sueña con insectos crujientes que llevarse a la boca. Nos vigila con ojos saltones y en silencio. Fuera sigue la lluvia espesa del monzón, los sirvientes mogoles corren recogiendo las mesas de la cena. Consigo dormir pese a todo.

Carmen Peralto Moreno

                                                                                 Bestiario del Indo  (Carmen Peralto)

1 comentario:

María José Collado dijo...

Hermosas prosas poéticas, Carmen. Un abrazo.