El secreto de mi felicidad está en no esforzarme por el placer, sino en encontrar el placer en el esfuerzo. ANDRÉ GIDE

25 diciembre 2014

SENSIBLE A LAS NEURAS AJENAS

Las personas realmente fuertes y felices no se pelean casi nunca. No pierden su precioso tiempo ni su magnífica energía en eso. Están centradas de disfrutar con sus proyectos y su vida. !Y lo mejor es que los improerios y las salidas de tono apenas le molestan!.   Pero cuando estamos neuróticos nos sucede todo lo contrario: nos volvemos hipersensibles y paranoicos, protegiéndonos anticipadamente de quien nos podría ofender. Muchas veces, el resultado es que acabamos por aislarnos con la idea de que la gente es un asco.
   Perder esa hipersensibilidad es fundamental. Vamos a ver cómo podemos hacerlo.

*PUEDES INSULTARME*
El tema de los insultos, de los maltratos verbales, del respeto... no lo llevamos nada bien y hay mucha confusión al respecto, incluso por parte de muchos psicólogos. ¿Cuántas veces no nos ha amargado el día el insulto de alguna persona? Hay que evitar que eso nos afecte tanto.
   Ahora mismo puedo recordar algunos de mis propios episodios de malestar por haber sido insultado. En todos los casos me podía haber ahorrado el cabreo.
Las estrategias mentales para conseguirlo son:
  • Comprender la locura del otro.
  • Construirse una autoestima muy sólida.
  • Crear canales de comunicación sencillos y fluidos para influir en los demás.
  • Y, a veces, aprender a apartarse del loco con racionalidad.

El primer paso para conseguir no enfadarse ante un insulto consiste en confiar más en la naturaleza humana, comprender que todos los seres humanos somos maravillosos cuando nacemos y durante toda nuestra infancia.
   Entonces ¿Qué sucede cuando nos convertimos en personas faltonas y menospreciativas? !Que nos confundimos! Fruto de una experiencia eductiva errónea, a veces, aprendemos a relacionarnos mal: desconfiamos de los demás, estamos abrumados por sentimientos de inferioridad o simplemente creemos que lo correcto es situarse por encima de los otros.
   Esos adultos agresivos son niños confundidos que no se dan cuenta de que las únicas relaciones que promueven la felicidad son las relaciones amorosas basadas en darse el máximo cariño posible. Son como perros locos a los que han pegado de cachorros: no saben que otra vida es posible.
   Por lo tanto, una persona ofensiva es una persona muy perdida y, a veces, directamente loca.
   Comprender la locura del otro es fundamental para no hacer sangre cuando alguien nos falte al respeto, cosa que seguro sucederá porque el universo es imperfecto y el ser humano también.
   Si entendemos que cualquier persona que nos insulta no está en sus cabales conseguiremos poner distancia entre la afrenta y nosotros mismos, podremos ganar la perspectiva necesaria para no enfadarnos, sino tener lástima y quizá esperanza de cura para el confundido niño que todos llevamos dentro.
Tener una buena autoestima es el segundo paso.


Para ello tenemos que convencernos de que somos geniales no porque seamos guapos, listos o hábiles, sino sólo y exclusivamente por una sencilla pero poderosa razón: porque somos seres humanos con capacidad de amar.
Pensémoslo bien: la capacidad de amar -a los demás y a la vida- es la única cualidad necesaria para tener una vida vibrante y hermosa. En comparación los demás atributos importan un comino. Por eso, a la persona fuerte se la trae al pairo que le digan tonto o feo.
   Los dotados de una gran autoestima, se dicen a sí mismos: "Si fuese tonto, podría ser un gran artista visual y tener una gran vida"; "si fuese hortera, odría dedicarme a viajar y a amar, y mi falta de elegancia no sería más que una anécdota". Por lo tanto, "seré siempre una persona feliz y valiosa, estrictamente, gracias a mi gran capacidad de amar la vida".
Ante un insulto es bueno crear un canal de comunicación.
Si no nos sentimos realmente insultados ante nada, cuando alguien nos diga una estupidez, replicaremos con serenidad y desde una posición de superioridad: "En vez de decirme esas cosas tna feas, me gustaría que me tratases mejor. No es necesario, pero sería genial".
Para evitar pelearse con los demás debemos comprender el corazón del ser humano, tener una fuerte autoestima y comunicar las mejoras fácil y constructivamente. El último paso es saber apartarse, pero sólo en el último extremo.
   En cuanto al tema de las relaciones personales, ¿es necesario aguantar a las personas muy pesadas?. No, porque es obvio que todo tiene un límite, pero hay que ir con mucho cuidado porque solemos ser demasiado rápidos a la hora de apartar a la gente de nuestra vida. Si pecamos de algo es de hipersensibles y eso nos lleva a "despedir" a demasiadas personas valiosas.
Una vez que no nos afecten los insultos podemos decidir si deseamos seguir con esa relación o no.
Tus amigos y familiares difíciles también te pueden enseñar una lección. Te ponen en situaciones incómodas en las que tú puedes escoger entre estar bien o mal. Si estás bien, pese a esa incomodidad, te estás haciendo fuerte. Si estás mal, te vuelves un quejica y un neurótico.


   El trabajo de crecimiento personal que propone la psicología racional se podría definir como "aceptar a estos maestros zen". Tu evolución hacia la fortaleza y la plenitud requiere que no les des la espalda cuando aparezcan en tu camino.
   Imagina que el universo estuviese regido por una inteligencia superior que te enviase a ti, siempre que lo necesites, un maravilloso maestro zen para enseñarte una preciosa lección.

                                                                                            LAS GAFAS DE LA FELICIDAD. RAFAEL SANTANDREU

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