El secreto de mi felicidad está en no esforzarme por el placer, sino en encontrar el placer en el esfuerzo. ANDRÉ GIDE

25 diciembre 2013

VENCIENDO LA BAJA AUTOEFICACIA

La autoeficacia es la opinión que se tiene sobre la posibilidad de alcanzar determinados resultados, es decir, la confianza de que uno pueda conseguir sus objetivos con éxito. Las causas más comunes que contribuyen a que la autoeficacia baje son: ver las cosas como incontrolables, creer que la propia conducta está regulada más por factores externos que por uno mismo, y atribuirse injustamente la responsabilidad sobre lo malos o buenos que somos y los logros personales.
   Cualquiera de estos tres factores genera un autoesquema de desconfianza e inseguridad en sí mismo, lo que lleva a evitar las situaciones de desafío, de problemas o cualquier evento que implique la intervención personal para su solución. La persona hará de la evitación una forma de vida.
   Las siguientes estrategias te permitirán afrontar la baja autoeficacia o conservarla en un punto adecuado:

1. Elimina el "no soy capaz"
Si te menosprecias, tu diálogo interno obrará como un freno. Elimina de tu repertorio el no soy capaz, porque cada vez que te lo repites, confirmas y refuerzas tus sentimientos de inseguridad; esta calificación negativa te inmovilizará automáticamente. Si el entrenador del atleta le dijera al oído "no vas a ser capaz", ¿Crees que su resultado sería bueno? Muchas personas han vivido en carne propia los efectos de la desconfianza familiar: "el niño no es capaz, es mejor que lo hagas tú."
Ya es hora de empezar a respetarse y tratarse bien: si te lo propones serás capaz.





2. No seas pesimista
Las personas con baja autoeficacia anticipan el futuro negativamente, y cuando se trata del propio rendimeinto, sus expectativas son de fracaso e incapacidad. Siempre se ven a sí mismas como las peores actrices o actores de la película. Si ven venir el fracaso en cada una de sus actuaciones, ni siguiera eso las incitará a intentar remediarlo.
   Las profecías negativas suelen convertirse en realidad, porque nosotros mismos nos encargamos de que se cumplan. 
   Intenta desarrollar en ti la sana costumbre de autoevaluar tu capacidad de efectuar malos pronósticos. 

3. No seas fatalista
Eres el arquitecto de tu futuro, aunque suene trillado y aunque no te guste (es más fácil confiar en que un ángel se ocupa de ello). Tienes el poder de cambiar muchas cosas. No veas el mundo como inmodificable e inamovible definitivamente, gobernado por leyes que te impiden cambiar las situaciones que te incomodan. Si tienes un punto de control externo para todo, tenderás a ser fatalista y verás los infortunios como incontrolables.
   Aparta de tu repertorio verbal la palabra "siempre". El pasado no te condena; de hecho, tu presente es el pasado de mañana, y por lo tanto, si cambias el aquí y el ahora, estarás contribuyendo de manera significativa a tu destino.

4. Trata de ser realista
Tres puntos para que reflexiones al respecto:
a. Si todo lo ves con la óptica "externa", nada dependerá de ti. El éxito no te provocará satisfacción y no harás nada frente al fracaso.
b. Si evalúas todos los éxitos con un punto de vista "externo" y los fracasos como "internos", te derrumbarás hasta la depresión.
c. Si atribuyes todos los éxitos como "internos" y los fracasos como "externos", te engañarás a ti mismo. No te deprimirás, pero serás deshonesto. Éste no es un optimismo sano.

   Sé objetivo con tus éxitos y con tus fracasos. Responsabilízate con lo que realmente has tenido que ver y no con lo que te gustaría que fuera.
   Acepta tus éxitos, ya que sería injusto contigo mismo ignorar tus logros; pero también acepta tu cuota de responsabilidad en los fracasos.

5. No recuerdes sólo lo malo
La visión negativa de uno mismo se alimenta principalmente de los recuerdos, por lo tanto, si el esquema que tienes de ti es negativo, los recuerdos que llegarán a tu mente confirmarán ese esquema y recordarás más lo malo que lo bueno. Si tu autoeficacia es baja, los fracasos tendrán más relevancia en tu memoria que los éxitos. Toma consciencia de ello y no entres en el jeugo de las evocaciones negativas.

6. Revisa tus metas
Si tu autoeficacia es baja, pecarás por defecto y no por exceso (como vimos en la parte de autoconcepto, cuando tu mente busca afanosamente la ambición). Estarás subestimándote y acomodando las metas a la supuesta incapacidad que percibes en ti mismo. Los dos extremos son perniciosos: si crees que eres invencible, te harás trizas; y si te sientes incapaz, tus objetivos serán tan pobres que solamente intentarás dar un paso o dos. Revis tus metas y verán que muy probablemente pueden estirarse un poco más y hacerse más exigentes y acompasadas a tus verdaderas fortalezas. Lo que necesitas es persistencia, no dejes que el miedo y la inseguridad decidan por ti.




7. Ponte a prueba y arriésgate
Anímate a dar un paso decisivo: actuar para lograr tus objetivos. Y la única forma de confiar en ti mismo es ponerte a prueba. Cuando decidas afrontar tus miedos e inseguridades, los seis pasos anteriores te ayudarán a no distorsionar la realidad a favor del automenosprecio.


“Recuerda que amarse a uno mismo no solamente es el punto de referencia para saber cuánto se debe amar a los demás, sino que parece actuar como un factor de protección para las enfermedades psicológicas y un elemento que genera bienestar y calidad de vida. Además La gente que tiene una buena autoestima es la mejor superviviente ante una situación de crisis, porque las personas que se quieren a sí mismas desarrollan mejores estrategias para afrontarla”

                                                                      Un extracto del libro   ENAMÓRATE DE TI  (WALTER RISO)

No hay comentarios: