El secreto de mi felicidad está en no esforzarme por el placer, sino en encontrar el placer en el esfuerzo. ANDRÉ GIDE

02 septiembre 2012

ASANAS. LA UNIÓN DE LO FISICO CON LO MENTAL

La realización de las asanas son la parte más difundida en la práctica de Hatha Yoga. 
Las asanas son un medio para potenciar la integración del cuerpo y la mente. Durante la práctica activa de las asanas se establece un diálogo silencioso entre el cuerpo y la mente que nos da la oportunidad de explorar nuestra auténtica realidad corporal.
En la realización de una asana, el aspecto más esencial es la atención, la toma de consciencia de todo cuanto sucede. Debemos estar atentos a los mensajes que nos manda nuestro cuerpo. El objetivo es comprender nuestro cuerpo, cuidarlo, desarrollarlo, hacerlo flexible y fuerte, pero sin domesticarlo, de manera sutil.
La atención es el principal elemento en la práctica física de los asanas. Si no hay atención no hay yoga. Una postura es a la vez ejercicio físico y mental, respiración y sensación. El practicante debe investigar por sí mismo, profundizar en su práctica, descubrir nuevos enfoques y analizar sensaciones hasta comprender su propio cuerpo.



Cada asana se compone de dos partes:

Una es la parte dinámica constituida por la fase donde se está construyendo la asana antes de su posición final, partiendo desde una postura de reposo o de una transición (pasar de una postura a otra con control corporal y sin fase de descanso). 
La fase dinámica se realiza lentamente, sincronizando el movimiento lento y la respiración controlada. Es fundamental controlar el gasto energético, efectuando esta fase con el esfuerzo justo y máxima relajación.
Se evitarán los movimientos bruscos, rebotes y tirones, realizándolo a una velocidad homogénea. 
La respiración acompaña en todo momento al movimiento permitiéndonos respirar todo cuanto necesitemos.   
Realizaremos la respiración Ujjaji si queremos profundizar mentalmente aún más durante la práctica o respiraremos normalmente. 
Enriqueceremos la fase dinámica adoptando aptitudes de acuerdo a el movimiento que estamos ejecutando. Cuando abrimos los brazos, por ejemplo, dejamos que la mente se contagie de esa actitud, abriéndote a la vida, a la energía del cosmos que nos penetra. Si cerramos el cuerpo o nos plegamos, el gesto será de introspección y crecimiento personal.
Durante el movimiento recuerda tener consciencia de los grupos musculares que intervienen, de la posición de tu columna vertebral, de tu estado anímico y tu respiración.

La otra es la parte estática constituida por la fase donde la postura queda desarrollada finalmente.
Mantiene tu cuerpo inmóvil, firme y cómodo, evita la tensión. Integra cuerpo y mente. En un primer momento examina tu cuerpo mentalmente y corrige si es necesario. 
Seguidamente la asana culmina con la aparición de un estado meditativo. La mente queda bañada en un estado de silencio profundo. Unificamos respiración y cuerpo. 
Tendremos en cuenta que el tiempo de permanencia en cada postura dependerá de la postura en sí. Hay algunas posturas que la podemos realizar sin tensión, sin agobios durante 2, 5 o 10 minutos aprovechando todo sus beneficios. Otras, en cambio, podemos mantenerla durante unos cuantos segundos.




Perfeccionar una postura puede llevar meses, años o toda la vida. Los obstáculos son generalmente las tensiones y los bloqueos que limitan la movilidad corporal. Las tensiones en nuestro cuerpo no se han creado de la noche a la mañana, por tanto, necesitamos tiempo para poder disolverlos. Descubre en cada asana donde está la tensión, mira donde está localizada, qué limitación produce, qué molestia causa, de esta manera tendrás las bases adecuadas para mejorar. Ya estás en buen camino... Baña mentalmente con la inspiración los músculos tensos. Observa como la espiración disuelve la dureza y la rigidez.
La constancia y la profundización te llevarán más allá en tus objetivos.


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