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18 enero 2016

SHARATH JOIS. EL GURU DEL ASHTANGA YOGA

Un vistazo al Corazón Espiritual de R.Sharath Jois.

Kino McGregor, una profesora estadounidense de Ashtanga Yoga con amplia presencia en los medios y redes sociales, ha escrito un artículo sumamente interesante en la edición de enero de la revista Yoga Digest acerca de Sharath Jois, nieto de Krishna Pattabhi Jois y actual Director del Instituto de Ashtanga Yoga en Mysore.
Kino McGregor ha sido estudiante de Ashtanga Yoga durante muchos años y ha tenido ocasión de conocer en persona y muy de cerca tanto a Pattabhi como a Sharath Jois. A menudo se la critica porque parezca estar más pendiente del merchandising y de publicar su enésima foto, vídeo o artículo que del discreto viaje interno que suele esperarse de un profesor de yoga pero, en esta ocasión, la comunidad internacional de Ashtanga Yoga no puede sino estarle agradecida por este fantástico retrato de Sharath Jois con que nos ha regalado. Me he tomado la molestia de traducirlo y difundirlo a través de este blog, lo cual espero le parezca bien a Kino y le ayude a que sus palabras lleguen al mayor número de gente posible. Pongo aquí el enlace al artículo original en inglés en la página web de Kino McGregor.

* * * *
Artículo original de Kino McGregor en la revista Yoga Digest.
En sus ojos hay ferocidad y compasión a partes iguales. Practicar bajo su tutela es caminar sobre la delgada línea que separa el terreno de la severidad y de la jocosidad. Sharath Jois es el capitán del buque espiritual de Ashtanga Yoga.

Sharath dedica su vida a su familia, a sus estudiantes y, por supuesto, a su propia práctica. Se levanta a las 00:45 de la medianoche para completar su práctica personal antes de enseñar desde las 04:00 de la madrugada hasta las 12:30 del mediodía. Si le preguntas cuándo duerme, bromea y dice: "dormiré cuando esté muerto."
Siempre está lleno de energía para sus estudiantes, preparado para una carcajada y una sonrisa bonachona. A menudo bromea diciendo que es como "un drácula" que se despierta en medio de la noche para avivar el fuego sagrado de Ashtanga Yoga. Pero no trates de amotinarte en la clase, o ten por seguro que te encontrarás con su rugido de tigre. Sharath habla sobre la enseñanza: "dos cosas son muy importantes: enseña con alegría y sé estricto, dado que tu estudiante ha de aprender de la manera adecuada: el Yoga no es propiedad de un solo hombre. Pertenece a todo el mundo, pero todo el mundo debería practicarlo de la forma correcta."

Sharath ha dedicado su vida a enseñar la metodología correcta de Ashtanga Yoga; enfatiza la disciplina como un componente clave del camino espiritual. "Si quieres profundizar en esta práctica e intentar darte cuenta de qué es, entonces tienes que someterte a cierta disciplina. No es algo que llegue a la fuerza; nadie puede obligarte, tiene que salir de dentro de ti. No puedes practicar asanas durante veinticuatro horas al día. La disciplina lo es todo, tu comida, tu sueño, tu interacción con los demás; todo."

Nacido en el seno de una familia yogui, empezó a practicar en torno a los seis años de edad. Al principio "mi madre solía obligarme a ir" pero "entonces continué día a día, mes a mes, año a año. Me puse realmente serio sobre esta práctica, así es cómo vino a mí." A lo largo de su vida pasó más de veinte años como estudiante de su abuelo, Sri Krishna Pattabhi Jois. Durante esos años, Sharath se convirtió en el practicante de Ashtanga Yoga más avanzado del mundo y la única persona que asistió y aprendió directamente de su abuelo durante un periodo de tiempo tan prolongado.
El Krishna Pattabhi Jois Ashtanga Yoga Institute -KPJAYI- de Mysore, bajo la Dirección de Sharath, acoge a casi 400 nuevos estudiantes cada mes. El registro de la página web del Instituto se llena a los pocos minutos de abrirse el plazo de inscripción. Es fácil olvidarse de que Sharath es una persona real y no un yogui que vive una vida remota. Como cualquier padre, sus ojos se iluminan de puro amor y alegría cuando ve a sus hijos. Su comida occidental favorita es la pizza repleta de vegetales. Para irse de vacaciones dice que le "encanta la naturaleza y me gusta ir al bosque y a las montañas." También es un ávido fotógrafo y ve en el mundo natural un refugio meditativo del aspecto material de la vida.
Los estudiantes a veces pueden obsesionarse con el objetivo de obtener cierta asana. Aunque el Ashtanga Yoga pueda parecer progresivo, Sharath no está de acuerdo con ello. "La mentalidad de muchos estudiantes es que si aprendes más asanas, eso quiere decir que eres un gran yogui. A medida que aprendes más yoga este tipo de pensamientos deberían desaparecer. Tienes que permitir que el cuerpo cambie. Todos tenemos cuerpos diferentes, todos tenemos diferentes tipos de flexibilidad y la fuerza no es la misma para todos." La práctica de asanas no es como una competición, sino que ha de servir como una purificación física y emocional. Sharath continúa: "Es como eliminar todos los venenos y toxinas del interior de tu cuerpo. Algunas emociones también son toxinas. Han de salir todas fuera."
Aunque el método de Ashtanga Yoga se componga de seis series de asanas, ordenadas en un nivel de dificultad creciente, las posturas en realidad son un vehículo para una reflexión más profunda del viaje interno. Sharath pone énfasis en incorporar los códigos de conducta morales y éticos conocidos como los Yamas y los Niyamas. Los Yamas y Niyamas describen principios que incluyen la no violencia, la veracidad, la purificación interna, la auto-investigación espiritual y el desapego como parte de lo que significa vivir de acuerdo con los principios yóguicos. Además, anima a los estudiantes para que tengan sed de conocimiento espiritual, como un Shadaka. Un Shadaka es un verdadero buscador espiritual sumergido en un viaje para el conocimiento profundo y elevado del Yo interior. Centrarse exclusivamente en el asana es una desviación de la verdadera experiencia de yoga. Sharath dice que es como "un pequeño sapo que vive dentro de un pozo y que no sabe nada del mundo exterior. Está atrapado dentro de ese pozo y no sabe nada de lo que hay fuera." Anima a sus estudiantes a que busquen el viaje espiritual de Ashtanga Yoga más allá del asana. "Yoga es la ciencia de dominar la mente."
Por lo tanto, para Sharath la esencia del yoga es el viaje espiritual. "El yoga no es otra cosa que conocimiento espiritual. Cómo purificarte a ti mismo, cómo purificar tu cuerpo y tu mente. Una vez que se han purificado, el cuerpo y la mente te llevarán al conocimiento supremo. Yoga no consiste simplemente en doblar el cuerpo. Yoga es obtener un estado elevado de conciencia." Esto es algo que no puede ser explicado en un libro o aprendido al ver un vídeo. En su lugar, el verdadero conocimiento del yoga sólo puede ser confirmado a través de la experiencia directa. Cada estudiante se convierte en un estudiante directo del linaje al estudiar bajo la tutela de Sharath, dando continuidad a la tradición Gurú Parampara de la transmisión de conocimientos. "La comprensión del yoga llegará a través de un Parampara sólo cuando tú hayas pasado mucho tiempo con tu profesor, con tu Gurú. El profesor y el Gurú son dos cosas distintas. El profesor es únicamente el que te enseña a hacer algo, mientras que el Gurú es el que te lleva a la luz. Gurú significa 'el que quita la oscuridad' o el que elimina todos los obstáculos de tu interior y te lleva hacia la luz denominada Mana, el conocimiento."
Entre muchos estudiantes de Mysore Sharath es conocido simplemente como el "Boss", el "Jefe". Con amor y reverencia, él es el Guruji de la nueva generación de ashtanguis que nunca tuvieron la oportunidad de estudiar con su abuelo. Cuando se le pregunta acerca de ser un Gurú, él responde con humildad: "Quiero que todo el mundo sepa cuál es el correcto yoga y, dado que en el yoga hay muchos malentendidos, muchas malas interpretaciones, mi objetivo es corregirlos. No puedo corregir a todo el mundo, así que en todo lo que pueda, intentaré proporcionar conocimiento correcto a mis estudiantes y a quienquiera que venga a aprender conmigo. Así que con suerte creo que mucha gente vendrá a saber e intentar entender lo que es el verdadero yoga."


 "El ashtanga yoga según el "Boss" (jefe): Un vistazo al Corazón Espiritual de R.Sharath Jois". Artículo en inglés de Kino MacGregor con traducción de Fernando Gorostiza.

17 enero 2016

AFRONTAR LA ANSIEDAD





Se ha calculado que, durante el transcurso de una vida, al menos uno de cada cuatro estadounidenses padecerán un grado de ansie­dad o preocupación lo bastante grave como para confirmar los diag­nósticos sobre trastornos de este tipo. Pero incluso aquellos que no sufran nunca un estado patológico o incapacitador de ansiedad, ex­perimentarán en uno u otro momento niveles excesivos de preocu­pación que no sirven a ningún propósito útil y que no hacen sino resquebrajar su felicidad e interferir en su capacidad para alcanzar objetivos.

Al analizar los antídotos contra la ansiedad, el Dalai Lama ofrece dos remedios, cada uno de los cuales funciona en un plano diferente. El primero implica combatir activamente la preocupación y dar sis­temáticamente la vuelta a las cosas mediante la aplicación de un pen­samiento dicotómico: recordar que si el problema tiene una solución no hay necesidad de preocuparse y si no la tiene, tampoco.

El segundo antídoto es un remedio de más amplio espectro. Supo­ne la transformación de la propia motivación fundamental. Existe un contraste interesante entre el enfoque del Dalai Lama sobre la moti­vación humana y el de la ciencia y la psicología occidentales. Según hemos visto previamente, los estudiosos de la motivación han investi­gado los motivos normales, examinando las necesidades e impulsos, tanto instintivos como aprendidos. En este nivel, sin embargo, el Da­lai Lama ha centrado su atención en desarrollar y utilizar los impulsos aprendidos para intensificar el propio «entusiasmo y determinación». En algunos aspectos, esto es similar al punto de vista de muchos ex­pertos occidentales; la diferencia estriba en que el Dalai Lama trata de crear determinación y entusiasmo para que la persona adopte com­portamientos sanos y elimine los rasgos negativos, en lugar de resal­tar el éxito mundano, lograr dinero o poder. Pero quizá la diferencia más notable sea que mientras que los «especialistas en motivación» se ocupan de promover las motivaciones ya existentes para alcanzar el éxito mundano, el principal interés del Dalai Lama por la motiva­ción humana radica en reconfigurarla y cambiarla, de modo que se base en la compasión y la amabilidad.

En el sistema del Dalai Lama para entrenar la mente y alcanzar la felicidad, cuanto más cerca esté uno de sentirse motivado por el al­truismo, tanto menor será el temor que experimentará ante circuns­tancias que provoquen incluso una ansiedad extrema. Pero ese mismo principio puede aplicarse también a cosas más pequeñas, incluso cuando la propia motivación no es del todo altruista. Retroceder un paso para asegurarse de que uno no tiene intención de causar daño y de que la propia motivación es sincera, contribuye a reducir la ansie­dad en situaciones corrientes.

No mucho después de la conversación anterior con el Dalai Lama, almorcé con un grupo de personas entre las que había un joven a quien no conocía, estudiante de una universidad local. Durante el almuerzo, alguien preguntó cómo iba mi serie de entrevistas con el Dalai Lama. Después de escuchar con atención mi descripción de la idea de la «motivación sincera como antídoto frente a la ansiedad», el estudiante de­claró que siempre se había sentido tímido y muy nervioso en las re­laciones sociales. Al pensar en cómo podía aplicar esta técnica para superar su ansiedad, el estudiante murmuró:

-Bueno, todo eso es muy interesante, pero me imagino que la parte difícil es la de tener esa elevada motivación de compasión y amabilidad.

-Supongo que eso es cierto -tuve que admitir.

La conversación se desvió hacia otros temas y terminamos de al­morzar. A la semana siguiente me encontré por casualidad con el mis­mo estudiante universitario, en el mismo restaurante. Se me acercó alegremente y me dijo:

-¿Recuerda que el otro día hablamos sobre motivación y ansie­dad? Pues bien, lo probé y realmente funciona. Conozco a una joven que trabaja en unos grandes almacenes, a la que he visto muchas veces. Siempre he querido invitarla a salir, pero la chica agravaba mi timi­dez, así que no me atrevía a hablar con ella. El otro día fui a los gran­des almacenes, pero esta vez empecé a pensar en mi motivación para pedirle que saliera conmigo. El motivo, claro está, era que quería sa­lir con ella. Pero detrás estaba el deseo de encontrar a alguien a quien amar y que me amara. Al pensar en ello, me di cuenta de que no ha­bía nada de malo en ello, de que mi motivación era sincera; no desea­ba causarle ningún daño, ni a ella ni a mí mismo, sino sólo que nos su­cedieran cosas buenas. El simple hecho de tener eso en cuenta y de re­cordármelo unas cuantas veces pareció ayudarme; me proporcionó el valor para entablar una conversación con ella. El corazón me latía con fuerza, pero yo me sentía estupendamente al ver que por fin ha­bía encontrado valor para hablar con ella.

-Me alegro mucho de saberlo -le dije-. ¿Y qué ocurrió? -Bueno, resulta que ya tiene novio formal. Me sentí un tanto de­silusionado, pero está bien. Me sentí estupendamente por el simple hecho de haber podido superar mi timidez. Eso me permitió compren­der que si me aseguro de que no hay nada malo en mi motivación y lo recuerdo, eso me puede ayudar la próxima vez que me encuentre en la misma situación.

                                                                                                          DALAI LAMA   El arte de la felicidad

03 mayo 2015

LAS CUATRO CLAVES DE PATANJALI PARA SER FELIZ

En el Yoga Sutra, Pantanjali nos da un proceso de cuatro partes para ayudarnos a eliminar de nuestros corazones las energías negativas y aquietar nuestra mente.


Estos son conocidos como las Cuatro Claves para la felicidad.  Nos encontramos 4 tipos de personas en la vida: La gente feliz (sukha), la gente infeliz (Dukha), las personas honorables (punya) y usuarios maliciosos (apunya).

El modelo yóguico propone que para acceder a estas cuatro claves  debemos cultivar las siguientes actitudes:

Maitri (amistad):

En lugar de ser envidiosos o celosos por la felicidad de los demás, debemos estar  felices y alegrarnos por como se sienten. Y apreciar la  alegría ajena y darnos cuenta de que nosotros tenemos también el potencial para ser felices al mismo tiempo. 

Karuna ( compasión ):

La compasión por los que  están sufriendo incluyéndote a ti mismo. La práctica significa  auto-consuelo. Implica que te veas como merecedor de compasión. Esto se aplica externamente, así que no podemos elegir por quien tenemos compasión, sino que debe mos sentir compasión  incondicional hacia todos y hacia todo. Si a alguien que no te cae bien le sucede algo malo , no debes sentirte bien por ello.

Mudita (alegría):

El respeto, la admiración y honor para los que encarnan cualidades nobles. En la práctica esto significa eliminar la envidia hacia aquellos que están viviendo vidas honorables. Genuinamente debemos celebrar sus logros. Esto nos recuerda que podemos inspirarnos en la grandeza de otros. Y entender que todos tenemos la grandeza innata.

Upeksanam (ecuanimidad):

Ecuanimidad hacia los que nos hacen daño. Tranquilidad hacia aquellos cuyas acciones se oponen a nuestros valores. En lugar de elegir el botón "me gusta" o  el botón "no me gusta" debemos tener una elección neutral. Habrá algunas personas que intencionalmente tratan de hacerle daño a usted o a sus seres queridos. Su opción no es participar en una pelea. No luche, réstele importancia. Aquí es donde la idea de es mejor ser feliz que tener razón prevalece.

El yoga es paz interna. Pero lo más interesante de estos principios es que es uno de los pocos que discute abiertamente la relación del practicante de yoga con los demás como una alquimia elemental de la práctica. Está claro que Patanjali considera las relaciones con los demás importantes y relevantes para la evolución espiritual.

Tenemos que hacer el trabajo de "curar" con respecto a las relaciones con los demás. Haciendo solamente auto-trabajo solitario no es suficiente para sanar completamente este Karma, para desbloquear nuestra felicidad. Por tanto, la relación con el prójimo  es el yoga más difícil que podemos hacer. Es el más esencial para nuestra liberación infinita con el fin de aportar un legado positivo a la conciencia cósmica.




Ámate a ti mismo, ama tu día, ama sin condiciones!!

01 marzo 2015

DHARANA. LA CONTEMPLACIÓN RELAJADA

Concentración (dharana) es la única de las tres últimas etapas del Raja Yoga de Patanjali que queda en cierto modo bajo control consciente y para la que solo es necesario continuar el impulso inicial de enfoque de la atención en el punto elegido. Podemos compararla con el impulso con que un buen cantante arranca una nota, que luego aguanta y sostiene gracias a la corriente de la respiración, al diafragma y otros músculos. Por poner otros ejemplos, imaginemos el salto a una piscina desde el trampolín o el salto del patinaje sobre hielo. Las etapas más profundas de la Contemplación y la Autorrealización no son algo que se pueda ejercer a voluntad, sino que descienden hacia nosotros por una especie de Gracia, después de haber puesto en marcha una buena y profunda capacidad de atención. Si comienzas pensando «Voy a hacer esto» o «Voy a hacer lo otro», regresarás al punto de partida, es decir, al torbellino mental de tus pensamientos.
El control de los sentidos (pratyahara) precede a la concentración. De igual forma que una tortuga retrae la cabeza bajo su caparazón, así también retiras tú la atención de los objetos sensorios externos. Los sonidos y sensaciones internes ocupan entonces el lugar de los estímulos exter­nos —estímulos tan poco familiares como picores, hormigueos, gorgoteos del estomago, los latido; del corazón, el roce del aire por las fosas nasales y la tráquea, de todo lo cual hay que abstraerse también.
La técnica del pratyahara es tan conocida para el místico cristiano como para el yogui hindú. Así lo expresa el Maestro Eckhart:

El mejor y mayor logro de esta vida es permanecer tranquilo y dejar a Dios que actúe y hable en ti. Cuando se han retirado todas las fuerzas de sus funciones y formas corporales, es cuando se pronuncia esta palabra. Y dice así: «En medio del silencio se me dijo la palabra secreta». Cuando seas capaz de retraer tus facultades y olvidar cosas e imágenes, cuanto más te olvides, por así decirlo, de la criatura, tanto más te acercaras y te sensibilizaras con todo esto.
Aquí, el alma se dispersa en sus poderes y se disipa en la actividad de cada uno de ellos: el poder de ver esta en el ojo, el poder de oír está en el oído, el poder de gustar en la lengua, con lo que sus poderes para el trabajo interior se van debilitando proporcionalmente, pues las fuerzas divididas son imperfectas. Por tanto, para que su trabajo interior sea efectivo, ha de recurrir a todos sus poderes, reuniéndolos desde la dispersión de las cosas externas hacia una acción inte­rior única.
Para llevar a cabo esta acción interior, han de acumularse todos los poderes propios, por así decirlo, en un rincón del alma, donde, al margen de las imágenes y de las formas, se pueda trabajar y es en este silencio, en esta quietud, donde se oye la Palabra.
En la meditación concentrativa, la atención se fija en una sola cosa. Si el rayo (mental) se va tras un sonido o una idea, haz que vuelva y repose en el objeto de meditación. Cuando aparezcan pensamientos sin ilación, observa la especie de reacción en cadena que mediante una asociación de ideas, puede conducirnos a varios minutos de ensueño involuntario. Se deduce que la meditación concentrativa es un entrenamiento valioso a nivel práctico, al poner en marcha un río de atención utilizable después en el trabajo y en las actividades de la vida en general. La facultad mental de concentración se fortalece con la práctica. «E1 genio es la concentración», dijo Schiller.
Dharana es limitar la atención a un punto. Es concentración sin tensión. Nada de cerrar los puños, ni apretar los dientes, ni fruncir el entrecejo. El yogui, cuando hace meditación, debe dar una imagen de relajada serenidad, aunque este dándose por entero a la meditación concentrativa (la totalidad del individuo con plena atención). No hay que pensar en los resultados, ya hemos visto en el capitulo anterior cual debe ser la actitud correcta para la meditación.
En la costumbre popular, concentrarse significa aplicar razonamiento discursivo a un tema elegido, excluyendo todos los pensamientos irrelevantes y trabajando concienzudamente en los importantes. El campo de atención se convierte en un círculo pequeño; pero, dentro de ese círculo, el pensamiento está trabajando intensamente. La concentración yóguica (Dharana) es un asunto muy distinto, pues reduce el torrente de pensamientos a uno solo, al objeto de la atención, para mantenerlo allí imperturbablemente. El objeto de la atención carece de importancia, pudiendo ser algo de lo más trivial. No es que sea el hecho de tener un solo pensamien­to en el contenido mental (citta) tan importante como para tener que dejar al resto de los pen-samientos, sino que el método de preservar una percepción única en la mente se utiliza para acallar completamente los pensamientos. Cuando se sostiene sin esfuerzo, como flota en el aire la suave nota de un buen cantante, ese surco único que atraviesa la calma mental se desvanece gradualmente como la mueca de la cara de Cheshire, el gato de Alicia en el país de las maravillas. En una conferencia de prensa que dio en Londres el Maharisni Manesh Yogui describió esta técnica como «sacarse una espina con otra espina».

Algunos escritores del tema del Yoga explican ejercicios preliminares que consisten en que el meditador  piensa en todos los aspectos distintos del objeto de meditación hasta que se  hayan agotado todas las líneas de pensamiento relacionadas con él. Después mantiene la mente fija. En Occidente se cree que la concentración consiste en pensar fijamente en un objeto y lo relacionado con él  y solemos practicarla bastante; pero  hasta el principiante debería abordar directamente la dharana propiamente dicha, que consiste en mantener fija la atención.
El Dr. Kovoor T. Benahan, que emprendió la práctica del Yoga en la India con un famoso maestro a fin de evaluarlo científicamente, afirma:


Otro camino abierto al yogui para alcanzar su extraordinaria meta es el de la concentración, en el que la atención se fija en un punto. Si se escoge una flor como objeto de concentración, no se considera su tamaño, su peso ni cualquier otra cualidad, sino que se reduce mentalmente a un punto y se guarda en la mente como una mera idea. Cualquier pensamiento acerca de las cualidades o las relaciones de los objetos solo conduce a una concatenación interminable de ideas, que es precisamente lo que el yogui quiere evitar. Los yoguis afirman que la concentración en un punto,  aunque pueda parecer árida, es lo suficientemente dinámica como para alcanzar niveles de consciencia profunda.

03 mayo 2014

LA NECESARIA ECUANIMIDAD

El hombre debería aprender a mantenerse ecuánime. Con el fuego de la ira a sus inferiores les hace superiores a sí mismo.    RALPH WALDO EMERSON

   Si alguna vez estás a punto de estallar, de perder el control, de herir a alguien con tus palabras, recuerda, aunque sólo sea en un momento de lucidez, que tú mereces ser dueño de ti mismo y no perder la oportunidad de calificarte con un "10" en sosiego y en paz interior. Corta en seco la furia desatada de tus pensamientos, realizando 10 inspiraciones-espiraciones profundas, lentas y todo cambiará en breves instantes, dentro y fuera de ti, para tu bien.

   Es fundamental tener bien presente las consecuencias negativas, el precio que nos vemos obligados a pagar al dejarnos llevar por los impulsos de la cólera: no vemos claro, porque la ofuscación mental nos impide obrar de forma razonada. El enfado y cualquier reacción airada nada construye, sólo destruye y perjudica al que se enfada.


   Buen antídoto contra la ira son sus contrarios: la calma, el hablar pausado y sereno, la actitud relajada, la respiración lenta y profunda y el sentido del humor. Además, el evitar la reacción iracunda inmediata, reactiva y explosiva, tratando de retrasarla en lo posible, suele ser una excelente medida. Mediante la dilación nos enfriamos emocionalmente y damos tiempo a que llegue algo de cordura y de sensatez a nuestra mente.
   Si conseguimos superar la necesidad imperiosa de dar una respuesta descontrolada y con la misma carga destructiva de rencor o de rabia de nuestro oponente, nos haremos con los mandos de nuestra propia reacción y serenos capaces de posponer la cólera para otro momento.
   Existe la ira justificada ante las injusticias y la maldad. No hay que confundir al que sabe controlar la ira, con quien no monta jamás en cólera porque se parapeta con la astucia y la vileza de las peores intenciones y traduce la ira contenida en maldad de la peor calaña contra aquel que odia.


   Si la ira se desata en tu pecho porque alguien te hace mucho daño, te irrita, te menosprecia o te saca de quicio, imagínate a esa persona que te crea esos problemas, como un niño que gatea y ni siquiera sabe andar todavía, o como un anciano decrépito que no se vale por sí mismo. Sentirás que tu ira deja de rugir, tu rostro recupera la serenidad y en tu boca se dibujará una ronrisa de comprensión, que te devolverá la paz y el sosiego de tu espíritu.
                                                                                
                                                                                 Aprendíz de sabio  BERNABÉ TIERNO

05 febrero 2014

SERENIDAD SUBLIME

Suena el despertador.

Salgo de un hermoso sueño donde estoy rodeada por aquellos que amo.  Siento tanta alegría de estar con ellos,  risas y abrazos,  me siento acompañada...feliz.  


La alarma suena y mi cuerpo hace lo que tiene que hacer.  Me levanto,  lleno el balde,  me baño y alisto.  Agarro mi mat y me aventuro a la oscuridad de la noche.

Llego al shala y mi mente todavía está dormida.  


De nuevo la salida del baño de hombres...la verdad,  qué más da.  Mis preferencias han disminuido considerablemente en estas tres semanas de práctica.  Mis pretensiones se han suavizado y casi desaparecido. 

Baño de hombres OK
.

Practico junto a una querida amiga y su energía y compañía me ayudan a pasar por el túnel oscuro de los arm-balances.  Cuando salgo es como si se abriera un claro en el bosque:  Purna Matsyendrasana y Viranchyasana A y B se sienten fáciles, igual que los handstands finales,  el escorpión y el catching.

En el baño de mujeres desenrollo mi alfombra todavía en la oscuridad de la madrugada.  Afuera los primeros pajaritos se despiertan y todo es silencio.  Mis brazos van a explotar.  Me relajo y entro en un savasana profundo.  No sé cuánto rato estoy ahí.

A pesar de la intensidad de mi práctica diaria aquí en Mysore y de todos los obstáculos mentales que pueda estar sobrepasando para hacerle frente a una serie y tres cuartos de la otra,  realizo que esto es un juego de niños comparado con la vida.
 

Esta vida única y efímera en la cual podemos pretender ser alguien que no somos o definitivamente y de una vez por todas aceptar y soltar todas nuestras pretensiones de imagen, forma o color.   Todos estamos apegados a miles de etiquetas que hemos inventado para no sentir el dolor de estar vivos.  La incertidumbre diaria.  Las posibilidades abiertas de catástrofes a cada instante,  dolorosas y no dolorosas.

Recuerdo hace siete años,  estaba sola por aquí en Mysore,  acababa de salir de una relación muy mediocre y me sentía libre y feliz,  lista para escribir mi futuro con letras de oro.  En medio de tal high,   recibí un correo de Costa Rica de alguien que quería practicar conmigo.  No le contesté.  Era un viejo amigo y de alguna forma, mi alma creo que anticipó una catástrofe.  Regresé a Costa Rica,  no lo llamé.  Pero terminó llamándome e invitándome a almorzar.

Catástrofe matrimonial.  

Podría decir que mi segundo matrimonio y tres niños terminó con mi práctica de Tercera Serie que iniciaba precisamente en ese momento.  Se trajo todo abajo,  desde los mismos cimientos.  Quedé en un descampado donde no sabía quién era sin mi práctica,  no entendía este cuerpo que crecía y decrecía sin mi control y tampoco podía comprender las ramificaciones a futuro de semejantes acontecimientos.

Y aunque en el momento pareció catástrofe,  en los últimos siete años he encontrado el yoga más profundo y difícil de todos.  He tenido que abandonar mis pretensiones de ser la mejor yogini del mundo,  la  más fuerte y flexible.  Todo se lo llevó el tsunami de mis tres pequeñitos.  En su lugar quedó un cuerpo destrozado,  física y energéticamente.  Una especie de trapo que tuve que lavar con cuidado y tender al sol de la mañana.   Curar sus heridas internas y con mucha paciencia y cariño hacerle saber que estaba bien sentirse tan mal.   Que estaba bien sentirme defraudada,  perdida y sin rumbo.  Que estaba bien no poder hacer cosas que antes podía fácilmente hacer en mi alfombra.

Tuve que decirle a mi mente que estaba bien que todo se atrasara.  Que los tiempos del amor no son siempre los tiempos del ego.  Que estaba bien asumir nuevas responsabilidades familiares después de muchos años de criar a mi primera camada.
 

Y estaba bien también abrirme a la posibilidad de amar de nuevo.

Mariela Cruz

El precio de este nuevo amor no lo anticipé nunca.  Mi práctica,  con la cual estaba totalmente identificada,  dejó de ser mi escudo protector.  Mi auto-imagen de yogini perfecta quedó perdida entre pañales,  teta y malas noches.  Mi cuerpo controlado dio paso a un monstruo en forma de ballena que tres veces se llenó y vació de formas inconcebibles.  Y la vida se abrió paso a través mío: vida hiriente,  plena y devastadora todo a la vez.
 

La transformación que anhelaba vino pero no en la forma que yo creía.


Y aquí estoy,  retomando donde dejé.  Sintiéndome torpe,  inútil y desfasada.  Viviendo algo que tenía que haber sucedido hace  5 años según mis planes,  no aquí y ahora,  tan tarde.  Y a pesar de toda esta alharaca mental que me dice continuamente:
 "y si no hubieras ido a almorzar con él aquella vez...", a pesar de ella encuentro en mi práctica dura y estéril,  desierto sin agua salpicada por dolor constante,  encuentro pequeñas luciérnagas de serenidad sublime que nunca pude conocer en ese entonces.

Mi alma estaba demasiado tapada por imágenes irreales de un yoga que percibía sólo en la dimensión física.  Un yoga que de alguna forma contribuía a ensalzar mi ego.   Pero tenía que pasar por el filtro arrollador de tres embarazos y el molino del amor para realizar esto.

Hoy sentí por primera vez la serenidad sublime de saber que cada paso que me ha traído hasta aquí ha sido perfecto.  Mi mente todavía se queja de lo que pudo haber sido, he aprendido a oírla hacer su pataleta y mientras tanto, yo me dedico a saborear las gotas de sudor y sangre que hacen de mi mat mi lugar preferido en este mundo.
 


Y sobre todo,  las luciérnagas.

http://namastecostarica2012.blogspot.com.es
                                                                                                                                              MARIELA CRUZ

23 noviembre 2013

AMISTAD

La amistad es una necesidad vital para el desarrollo del ser humano, de la cual sólo prescinden los esquizoides (porque han roto el vínculo afectivo con la humanidad), los desconfiados (porque piensan que el ser humano es malo por naturaleza) y los tímidos (porque queriendo estar con los demás, el miedo al rechazo o a parecer inadecuados se lo impide). Epicuro decía que lo importante no es sólo qué comes, sino con quien lo haces, mostrando hasta donde la amistad podía competir incluso con los placeres del cuerpo.


Y parece ser cierto: los estudios que se han llevado a cabo en distintos lugares del mundo coinciden en que la amistad es uno de los factores principales para alcanzar una vida feliz.
El pensamiento epicúreo sostiene que tener amigos es placentero porque obtenemos dos ventajas: seguridad y confianza. Con el amigo podemos contar si estamos mal, y viceversa. No se trata de un frío y simple intercambio de favores, sino de un pacto implícito de solidaridad, una reciprocidad amorosa. Cuando Epicuro habla de "intercambio", sugiere una utilización equilibrada, justa, fraternal, entrañable y rebosante de alegría, y no una forma solapada de explotación mutua. 

En sus palabras:
"No es un buen amigo ni el que busca la utilidad por encima de todo, ni aquel que nunca la relaciona con la amistad; pues uno comercia intercambiando favores y gratitud, y el otro destruye toda esperanza para el futuro".

Estoy de acuerdo con los griegos, quienes ponían la amistad por encima del amor apasionado. Porque a los amigos los une una decisión y no solamente un sentimiento de enamoramiento, que puede apagarse en cualquier instante. Eros no une a los amigos, lo hacen los puntos en común, la sintonía y hasta la indignación compartida. La amistad se construye a través de la razón y el esfuerzo, la vives y la piensas,es un acto de la voluntad y afinidad que controlas, aun después de  muchos años de relación.

Existe una anécdota que muestra el valor terapéutico que Epicuro le daba a la amistad. Estando en su lecho de muerte le escribió a un amigo: "Me siguen acompañando los dolores de la vegija y del vientre, que no disminuyen el rigor extremo de sus embates. Pero contra todos ellos se despliega el gozo del alma, fundado en el recuerdo de las conversaciones filosóficas que hemos tenido".

                                                                              EL CAMINO DE LOS SABIOS.  Walter Riso

10 noviembre 2013

UN SINFÍN DE BENEFICIOS CON EL YOGA

El Yoga reporta beneficios a nivel físico, psíquico y bioquímico. Se trata de un enfoque holístico hacia el bienestar. La práctica de asanas ha beneficiado y sigue beneficiando a millones de personas en todo el mundo. La meditación y el yoga nidra contribuyen a un equilibrio psíquico y mental comparables al mejor tratamiento contra la ansiedad o la depresión.
A nivel bioquímico disminuye los niveles de glucosa, colesterol y triglicéridos, y aumentan los linfocitos y la hemoglobina.
Un estudio científico realizado por el Dr. Timothy McCall durante un tiempo determinado y a diferentes personas constató que el Yoga ofrece una mejora general en el cuerpo humano, y quedó reflejado en el libro "50 formas de sanar a un Yogui".



Según una imagen de la tradición (Katha Upanishad) el ser humano se podría representar como un carruaje: los caballos serían las emociones, el cochero la mente, el coche nuestro cuerpo y el amo nuestra verdadera esencia. Por lo tanto se pueden ver las emociones como una parte importante del viaje que cumplimos en esta vida, pero sin perder de vista que quien sabe realmente cual es nuestra meta es el amo interior, y que las acciones que se originan desde ese lugar son las más adecuada para nuestra vida.

Desde el punto de vista del yoga entonces las emociones se consideran actividades del corazón así como los pensamientos son actividades de la mente; debido a la impermanencia de ambos nuestro objetivo es reducir la intensidad de las emociones y la velocidad del pensamiento para dejar espacio a esa voz interior inmutable, fuente de sabiduría y de ecuanimidad (purusha).
Podríamos dividir las emociones en dos grandes grupos según la sensación que nos transmiten:

Sukham: una sensación positiva y funcional al crecimiento interior, cuyas cualidades son pensamientos positivos, funciones fisiológicas equilibradas y respiración profunda y regular.
Duhkham: una sensación negativa de restricción en el espacio del pecho, marcada por una actitud mental negativa,  cierta tensión y rigidez a nivel físico y una respiración alterada.
Según la tradición del yoga las causas de esta última experiencia vital (duhkham) viene en primer lugar de la dificultad en reconocer nuestro verdadero Ser (el amo del carruaje).

Patanjali nos dice que la incapacidad a reconocer quienes somos (avidya) genera una imagen de nosotros hecha de etiquetas exteriores con las que nos identificamos; este falso yo (asmita) va separando cada experiencia vital in algo para perseguir (raga) o para rechazar (dvesa) y eso genera una profunda inseguridad interior (abhinivesha) que se manifiesta en el sufrimiento que denominamos duhkam. 

La dificultad interna en aceptar los cambios en nuestra vida, apegándonos a las seguridades que nuestro ego nos ha construido, y al mismo tiempo las continuas expectativas de cara a nuestros deseos, contribuyen a crear una rueda de malestares. Nuestro espacio interior está lleno de un pasado que no queremos dejar y de un futuro que queremos diferente y nos impide la vivencia del momento presente que es lo único que realmente tenemos.

Otra de las causas de dukham está en la predominancia de rajas, esa cualidad que a nivel emocional se expresa con emociones marcada por una fuerte energía de expansión y agitación  mental, o de tamas, la cualidad opuesta, marcada por la confusión y el estancamiento. El objetivo del yoga es llevarnos a encontrar la tercera cualidad, sattva, la claridad y el equilibrio, ya que sólo a través de una mente clara y unas emociones equilibradas podremos ver la realidad tal como se nos manifiesta y actuar de la manera más oportuna y beneficiosa. El yoga, ayudándonos a reconocer “dónde estamos” en cuerpo, respiración y mente nos permite abrirnos a la transformación.
En el camino del yoga tenemos muchas herramientas para cuidar nuestro mundo emocional y conseguir el estado de sukham:

• Asana: las posturas de yoga pueden ayudarnos a cultivar la energía que necesitamos en el momento en el que las emociones se apoderan de nosotros. Si vivimos una experiencia emocional donde rajas predomina (rabia, agresividad, ansiedad, celos, envidia…), practicar posturas tumbados, ampliando la espiración, introduciendo pequeñas retenciones en vacío, estimulando la región del vientre (apana), visualizando la luna y su cualidad calmante pueden equilibrar esa alteración interna lo suficiente como para luego actuar desde una mayor calma interior. Al contrario, si tamas nos invade (generando miedo, tristeza, inseguridad, depresión…), sería oportuno practicar posturas de pie, activando la inspiración, abriendo el pecho (prana) y a lo mejor visualizando el sol y su poder activador y estimulante de nuestra fuerza interior. 
La práctica constante de asanas nos dice Patanjali, nos ayuda a encontrar el equilibrio de los opuestos dentro de nosotros, haciendo que ese péndulo emocional tenga cada vez un recorrido más reducido hasta mantenernos lo más cerca al centro.

• Respiración (pranayama): la respiración es el índice más claro de nuestro estado interno ya que el diafragma es el primer músculo que se bloquea a consecuencia de nuestra vivencia emocional. Aprender durante los asanas una respiración lenta, profunda y regular, crea condiciones para que, en los momentos de necesidad, la podamos utilizar como herramienta para la búsqueda del equilibrio. Soltar el aire es también soltar una energía que no queremos invada nuestro espacio interior. Coger aire es también alimentarnos de la fuerza interior que necesitamos.

• Visualización (dharana): la capacidad de la mente de crear imágenes tiene un poder extraordinario sobre nuestro sistema psico-físico. Ampliar la visión que tenemos de nuestra experiencia utilizando imágenes que expandan la conciencia, como imágenes de la naturaleza, o simplemente recordar momentos de paz y armonía, puede modificar la energía interna  hacia donde necesitamos, creando las condiciones para observar la vivencia desde la justa perspectiva, antes que actuar bajo el impulso de la emoción.

• Meditación (dhyana): a menudo durante la meditación experimentamos emociones recurrentes. Observar en qué parte del cuerpo retenemos la tensión emocional y llevar allí nuestra respiración liberándola nos ayudará quizá a ir descubriendo algún sentimiento más profundo o algún patrón que está en la raíz de esa emoción. Aceptarlo con ternura, escuchar su mensaje, colocarnos en un lugar lejano como observadores poco a poco nos puede ayudar a descubrir ese fondo neutro, de quietud, desde donde se tiene que originar la acción. 

• Yama: son las actitudes que Patanjali nos sugiere hacia nuestro entorno, reconociendo la extraordinaria importancia de nuestra vida de relación como primer paso para seguir el camino del yoga. Cultivar la compasión (ahimsa), la honestidad (satya), la generosidad (asteya), la moderación en las acciones (brahamacharya) y aprender a tener lo correcto (aparigraha) en nuestra vida diaria, es sembrar semillas positivas en nuestro jardín interior, limitando el crecimiento de esas emociones perturbadoras (kleshas) que nos impiden ver quién realmente somos.

• Niyama: son las actitudes de cara a uno mismo que abonan las semillas que hemos plantado. Cultivar la pureza (saucha) en la mente, en el corazón y en el cuerpo se puede hacer por muchos caminos, desde una correcta alimentación hasta recuperando el contacto con la naturaleza, escuchar música que aporte bienestar o buscar la compañía de personas positivas. Cultivar el contentamiento (santosha) viviendo el momento presente, cultivar el entusiasmo (tapas) hacia el camino del yoga y su práctica. Cultivar la consciencia (svadhyaya) en cada gesto reconociendo hábitos, prejuicios y patrones negativos. Y finalmente ser conscientes de que no somos los únicos autores de nuestras vidas (isvara pranidhana), y que lo más sabio es hacer siempre lo mejor que podamos sin apegarnos al resultado de nuestra acción.



Es evidente que no se trata de un camino sin obstáculos, precisamente porque nuestra naturaleza profunda como seres humanos, junto a las experiencias que hemos vivido, deja en nuestra memoria una sensación-emoción dominante que se manifiesta a través de patrones de comportamientos repetitivos inconscientes. Como si fuéramos una planta donde la semilla (svabhava) es nuestra naturaleza, la emoción debida a la experiencia vivida es la planta (vasana), y cada vez que actuamos siguiendo esos patrones inconscientes del pasado hacemos que esa planta crezca y llegue a ser un árbol (samskara). Esto es lo que hace que podamos sentir viva una emoción que nos marcó, después de meses o años, sin importar el lugar o el tiempo que haya pasado.

Patanjali nos dice que quitar esa planta desde la raíz va a ser muy difícil,  y sugiere que lo más sabio sea sustituir poco a poco patrones negativos con otros más saludables, llenando nuestro jardín interior de mucha variedad de plantas. Como si nos ayudara a soltar y disolver el pasado dándonos internamente la libertad de ser nuevos y únicos en cada momento. 

No se trata entonces de intentar eliminar lo que sentimos o de reprimir la emoción, sino de hacernos conscientes de lo que estamos sintiendo, escuchar el mensaje que está detrás de esa vivencia y actuar desde un lugar más sabio y ecuánime, que es nuestro verdadero Ser.

La propuesta es que a través de los ocho pasos del karma yoga, que en parte hemos descrito arriba, nuestra vida llegue a ser más plena y armoniosa, ya que los caballos de nuestro carruaje, bien alimentados y conducidos por un cochero que sabe escuchar las indicaciones del amo, nos llevaran sin dificultad por el camino de nuestra vida.

                                                                                         concienciasinfronteras.com